El dolmen de las 17 sacerdotisas, a merced del vandalismo

El dolmen o tholos de Montelirio, datado entre el 2850 y el 2700 antes de Cristo, está abandonado a su suerte. Esta joya del mayor asentamiento humano de la Edad del Cobre en la península Ibérica, que en conjunto suma 450 hectáreas y cuenta con otros hitos como los dólmenes de Matarrubilla o de La Pastora, está en la comarca del Aljarafe sevillano, donde hace 5.000 años floreció una sociedad que construía monumentos imponentes. Se empezó a estudiar en 2007 en una excavación preventiva para la construcción de 53 viviendas en la parcela PP4: 1,8 hectáreas en las afueras de Castilleja de Guzmán.

El hallazgo revolucionó el mundo de la Prehistoria y paralizó el proyecto de la empresa gaditana Jale: aparecieron un corredor de 39 metros y dos cámaras cubiertas, una principal decorada con pinturas (en la que yacían los cuerpos de 17 sacerdotisas adornadas con ricos vestidos de cuentas y con altísimos niveles de mercurio en los huesos), y otra menor con los restos de un hombre y una mujer, además de otros tres cadáveres en el corredor.

Los dólmenes (también se usa la palabra griega tholos si tienen forma circular) son monumentos formados mediante grandes piedras, generalmente con función funeraria o ritual. En la parcela donde se encuentra Montelirio se hallaron otras 134 estructuras prehistóricas. En 2010 se cubrieron con tierra, a la espera de una inversión que permitiese su acondicionamiento para las visitas, y desde entonces están desprotegidas y sin vigilancia, llenas de matorrales que dañan el conjunto y a merced de expoliadores y vándalos.

Leonardo García Sanjuán, catedrático de Prehistoria de la Universidad de Sevilla, denuncia: “La situación es insostenible. Hay agujeros en la tierra con la que hace más de una década se cubrieron importantes estructuras funerarias excavadas en el sector del plan parcial 4 (PP4), hechos con la intención de expoliar o vandalizar, y entre la maleza aparecen rotas las lajas de pizarra que cubrían tumbas de hace más de 4.000 años”. García Sanjuán es autor del estudio de Montelirio junto con Álvaro Fernández Flores, el arqueólogo que dirigió la excavación.

“El descubrimiento de Montelirio”, añade García Sanjuán, “supuso para el Calcolítico [del griego chalkós, cobre, el periodo de la prehistoria posterior al Neolítico y anterior a la Edad del Bronce] lo mismo que la tumba de Tutankamón en 1922 para la egiptología. Ha sido una oportunidad de estudiar con métodos científicos actuales un tholos que ha llegado hasta nosotros como estaba hace unos 4.800 años, algo que no ocurrió con los de La Pastora y Matarrubilla, descubiertos en 1860 y 1918”.

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